Agua, viento y las orillas del poema: sobre «El Mar» de Daniel Álvarez

Por Cristóbal Núñez

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El Mar (Vórtice Ediciones, 2022) es un poemario escrito por el poeta argentino Daniel Álvarez. Contiene poco más de cuarenta poemas, en los que el autor versa sobre su profunda, sincera y dicotómica relación con el océano.

         Leer El Mar implica el traslado de nuestros pensamientos a las regiones costeras y a los rincones personales de la memoria del poeta. Y es que Álvarez no esconde nada en sus versos. Al contrario, se sincera y confiesa con naturalidad una relación íntima de aprecio y respeto. Dicha admiración por el océano se manifiesta a través de versos reposados en los que se exaltan las sensaciones de sobrecogimiento frente a la potencia de la naturaleza, pero sin pretensiones ni estridencias. Así, el poeta argentino versa con la misma intención con que el ave se sumerge en picada contra las olas, buscando una profundidad vital.

Daniel Álvarez habla de todos los espacios que el océano configura. No se limita a solo describirlos, sino que establece un diálogo con el mar. Y el lector es testigo de este registro testimonial que juega con el poder evocatorio de la poesía. Y dicho acto, en el código del poemario, ocurre siempre desde las orillas, desde ese margen en el desborde de las experiencias que resulta un espacio conocido para el poeta.

Conexión con la naturaleza

           Hay afirmaciones que insisten en situar al humano como alguien ajeno, diferente y desconectado de su entorno originario. Y la sensación de no pertenencia crece con las ciudades, las metrópolis, la búsqueda de agua en otros planetas. Pero hay un grupo de seres que insiste en derribar los mitos del desarraigo moderno: El/La Poeta siempre serán el puente entre lo que intentamos olvidar y lo que nos llama a renacer, a repensar.

Es cierto que los océanos y todos los lugares que los configuran son un lugar común en la poesía. Mi país tiene un sector llamado “El Litoral de los Poetas”. ¿Habrá una conexión especial entre la poesía y el océano? ¿O será que los poetas y las poetas llevan heridas que solo sanan con sal y humedad? Daniel Álvarez nos dice en su poema “Comunión”: Mar, supremo mar, tú me cobijas y me purgas a cambio de la sutil ofrenda de mis respiros.

         Se sugiere un pasado resuelto en los versos de El Mar. Leemos un trabajo delicado que se presenta de forma sencilla, sin aspavientos, pero nunca fácil: soy el océano donde las risas y los llantos desbordan sus aureolas…, nos confiesa Álvarez en su poema “Soy”. Y es que, al parecer, de aquí en adelante todo se vuelve una confesión profunda, a veces clara, otras oscura, pero siempre sincera.

Igual que las mareas de las noches sin luna, este poemario nos brinda calma, paz y silencio: una maravillosa tercera entrega para la “Colección Equinoccio”, de Vórtice Ediciones, que se suma a este océano de palabras esenciales. Daniel Álvarez nos invita a no desconectarnos jamás de lo que la humanidad llama naturaleza, y mucho menos olvidar que al igual que el agua, navegamos abandonando nuestras propias orillas.

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