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Tres poemas de Juan David Torres

Juan David Torres (Cereté Córdoba, 2004) Poeta y gestor cultural.

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La muerte de la memoria

Está arrastrando el viejo amor

a la pila de huesos vivientes que me nombran,

está sudando el pellejo arraigado a esa flaqueza

parece un manantial, un oasis, parece un río

un pequeño caudal, todo a punto de la sequía

sus labios, su pecho perforado, su sexo, su mano derecha

y de repente una muerte lenta, una caída perezosa

y una soga que al llegar al cuello se rompe.

Entre tanto, la fugacidad del contacto nunca recibido

intenta clavarse en la nuca con valentía

y aún teniendo la certeza de su incapacidad para pelear

para llegar al olvido, a la amnesia

y a la muerte de la memoria

que no es más sino la expiración de su presencia,

se penetra tan profundamente que todo vuelve a temblar.

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I

Te sigo, por la línea de mi mano

hay un riachuelo que me lleva al recuerdo muerto

y en él habitas, como un pajarillo en su nido

en el nido de la memoria que se destruyó con la tormenta,

te sigo, esperanzado, ingenuo, te sigo triste

marginado, en abandono, sin conocer el auxilio

te sigo, la línea de mi mano sangra

y con el río se transportan las palabras

que en convalecencia salieron de tu boca,

te sigo esperanzado, marginado, te sigo triste

y en tu sombra encuentro el abrazo que necesito

y en tu cuerpo que flota en el río lleno de sangre

me sostengo para no ahogarme con tu muerte.

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Memoria

En esta habitación transcurren mis recuerdos, libres y vivos,

mi madre desnudándome para meterme a una bañera de cemento

la madre de mi madre que introduce sus dedos entre mi cabello

una y otra vez sin detenerse

una sonrisa, mi piel de ébano tan suave, mis manos pequeñas,

las muestras de amor que tenía mi padre,

quién dejó su hombría en el olvido por unos años

.

Se pasea la memoria

quién expone los recuerdos en un plato de cerámica

dónde puedo cortarme en pedazos bien repartidos

que siempre se regeneran con el dolor.